jueves, 25 de abril de 2013

Recuerdo de Alfonso Calderón por Jilberto Molina




DON ALFONSO.

A las 10 de la mañana del 11 de agosto de 2009, con Fernando Arriagada, Peté, Alfredo Apey y Andrés Nazer estuvimos presente en la casa central de la Universidad Diego Portales rindiendo con nuestra silenciosa presencia un homenaje de afecto y reconocimiento a don Alfonso; Ricardo, Marcelo, Galvarino y otros liceanos estuvieron antes o después; asistíamos al velorio de nuestro exprofesor de Castellano y posteriormente gran amigo, don Alfonso Calderón Squadritto en la década del cincuenta, en nuestro amado LICEO DE HOMBRES DE LA SERENA; él, con gentileza nos distinguió con su cara amistad. 

No escribiré sobre su trayectoria. Ya se ha escrito sobre ella. Éstos, más bien son recuerdos personales. 

En 1952 nuestra sala del Segundo B de Humanidades estaba en un rincón de la vetusta Casona de Cantournet, cuyo lado sur poniente tenía una pared semi destruida; colindaba ella con una en cuyo piso yacían como en un ‘campo-non-santo’ esparcidos y amontonados o desparramados, libros antiguos semi arruinados de teología, filosofía, poesía, historia, química y otras ciencias relacionadas con la biología humana, vegetal, animal, o con la ingeniería de la construcción y sobre todo de la minería; (recordemos que don Ignacio Domeyko llegó a Chile a pedido de las autoridades regionales directamente a La Serena para trabajar en nuestro establecimiento educacional); junto a ellos en este basural de la cultura estaban siete frascos de vidrio de diversos tamaños con pequeños “seres humanos”, llamados despectivamente “fetos”, en su interior: sepulcros de cristal arrinconados sin destino. Pareaba esta sala con otra en la que había un pequeño zoológico de animales embalsamados que compartían su triste cementerio con varios “cachureos históricos”. Conste que ese año había una autoridad educacional que ‘según decían era’ abogado, profesor de Historia y Geografía, que leía alemán, inglés, francés y castellano, y amigo del Señor Presidente de la República; qué lástima que no le solicitara unos dinerillos para restaurar la sección deteriorada del edificio y recuperar y cuidar lo que estaba negligentemente botado por ignorancia supina.

Bueno, el liceo se mantenía gracias al terrible ‘mono’ y al ‘pórrich’; el primero, el Sr. Inspector General Don Hernán Santana y el segundo, el Sr. Vicerrector Don Eduardo Campos, profesor de Inglés, que dicho sea de paso tenía unas preciosas ‘vicerrectoras’.

Ahora entro a lo que iba; lo anterior era el escenario de nuestro primer encuentro con el que llegó a ser nuestro amigo.

Se abre la puerta de la sala, entra el mono Santana, nos ponemos de pié instantáneamente como si hubiéramos estado así y en silencio; tras él aparece un chico petizo, rucio, ojos claros, entre tímido y sonriente en brazos del gran libro de clases; afortunadamente la mesa del profesor estaba sobre una tarima; tras ser presentado como el nuevo ‘Sr. Pfr. de Castellano don Alfonso Calderón Squadritto’, el señor Santana se retiró sin más explicaciones.

A don Alfonso realmente lo quisimos, lo apreciamos a pesar de que nos hacía sufrir con la exigencia de listas de vocabulario, de resúmenes obligatorios de la lectura de un libro semanal y las respectivas pruebas o controles de lectura, el comentario y el análisis literario; y por supuesto que se atacaba la gramática, la métrica, la poesía, el buen hablar, el buen decir, la dicción, la correcta pronunciación.

De paso, cómo no recordar la amistad de Alfonso Calderón y Jorge Peña, dos socialistas que sin hacer proselitismo pero unidos por amor al arte deleitaron a la ciudad de La Serena en varias Navidades con los Villancicos y Retablos de Navidad interpretados por la orquesta, coro y actores de la Sociedad Juan Sebastián Bach.

Bueno, al hacer un alto en estos recuerdos, diré lo agradecido que estoy por la amistad que me brindó don Alfonso como mi profesor de Castellano en el liceo, de Literatura Chilena y de Seminario de Título en la Universidad de Chile; cómo no reconocer su bondad cuando prologó mi libro-poema “DEUDA A JORGE PEÑA HEN” y que después presentó en la Biblioteca Nacional. 

Gracias don Alfonso.

pfr. Jilberto Molina Rojas.


En: Cartas y Carteras.


1 comentario:

  1. Qué hermoso testimonio, muchas gracias por este recuerdo.

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